martes, 29 de agosto de 2017

“CABALGAR EL TIGRE” - Julius Evola



“Cabalgar el tigre” es un libro que rompe con la moral propia de nuestras terminales sociedades (esa moral que ha venido en denominarse como de ´moral pequeño burguesa´) y rompe igualmente con las instituciones por ella impregnadas y lo hace de una manera radical y sin ningún tipo de miramientos ni de concesiones.
Se trata de planteamientos hechos pensando en un hombre, como el actual, que vive en plena Edad de Hierro; en pleno período de decadencia. Y ante lo imposible de darle un golpe de timón al actual devenir corrosivo de los tiempos, se nos dice en este libro que debemos de concienciarnos de que no nos queda más remedio que el de vivir inmersos en ellos (en estos tiempos), pero sin que nos arrastren por el camino de la disolución, por lo que hemos de intentar vivir en medio de las ruinas, pero permaneciendo en pie.


No adoptando posturas evasionistas y/o nihilistas, sino intentando acelerar la descomposición de este deletéreo mundo moderno para así conseguir que su caída (si ahora se nos presenta como imposible) ocurra cuanto antes mejor y para que en esta lucha mantenida para acelerar dicha caída se vaya forjando el hombre que se hallará preparado para tomar las riendas de la reconstrucción de un nuevo Orden; de una nueva Edad Áurea.

Acelerar la descomposición de los tiempos que acontecen es ´cabalgar el tigre´ para cansarlo cuanto antes y acabar derrotándolo. Pero al margen de estas connotaciones y aplicaciones de carácter más exterior y político, ´cabalgar el tigre’ es también una fórmula reservada para un tipo de Hombre diferenciado (no para los que no somos más que ´el común de los mortales´) que transita por el arduo, disciplinado y metódico camino de la transmutación interior y que es capaz de utilizar ´el veneno y convertirlo en remedio´. Esto es, utilizar los ´venenos´ que emponzoñan y destruyen al hombre común y que de manera apabullante, exagerada y disolvente impregnan el mundo moderno (tales como, de forma más contundente, pueden serlo las drogas, el alcohol o el uso obsesivo y degradante del sexo), utilizar, decíamos, estos ´venenos´ para alterar su estado de conciencia ordinaria con el objeto de volverla más volátil y sutil y, en definitiva, más propicia a ser reconducida y elevada a otros estados de conciencia superiores que le pongan en el camino -siguiendo los rigurosos procesos de la Iniciación que lleva a la difícil meta de lo que el budismo llama el Despertar.
Esta vía iniciática se conoce en la tradición hermeticoalquímica occidental como la ´Vía Húmeda´.

Existe otro camino, otra vía reservada para un tipo de Hombre diferenciado de cualidades internas aun superiores a las ya muy de por sí elevadas que se presuponen inherentes al anterior tipo de Hombre del que acabamos de hablar. Este otro camino es el conocido en las escuelas sapienciales de Oriente y en la tradición alquimicohermética de Occidente como el de la ´Vía Seca´.
Se trata de una Vía que no necesita de la utilización ni de la ayuda de ninguno de los ´venenos´ de los que hemos hablado anteriormente para que el Iniciado se abstraiga interiormente de todo lo que inunda, distrae, liga y dispersa a la mente y que le supone obstáculos insalvables de cara a su búsqueda de estados superiores de conciencia que tiene por finalidad la Iluminación, a la par que la Gnosis o Conocimiento de la Realidad Metafísica que existe más allá y en el origen de todo el mundo manifestado, físico y, aun, sutil.


Este tipo superior de Hombre descondicionado también podría ser definido como de ´Apolíneo´ (Vía Seca) frente al otro tipo de Hombre al que le cabe el apelativo de ´Dionisíaco´ (Vía Húmeda). Es este ´dionisíaco´ el que se servirá de las embriagueces, que podrá experimentar con facilidad en nuestro actual estado crepuscular del Kali-yuga, para emprender el camino de la búsqueda de la Iluminación. Es el que intentará  ´convertir el veneno en remedio´  ´cabalgando el tigre´.
´Cabalgar el tigre´  también simboliza dominar, controlar y anular las pasiones, pulsiones, sentimientos y bajos instintos e impulsos que encadenan al hombre a lo bajo, a lo ínfero.
De este Hombre que es capaz de ´convertir el veneno en remedio´ también se pueden aplicar expresiones como aquella que afirma que ´la espada que le puede matar, también le puede salvar´ o la que asevera que ´el suelo que le puede hacer caer, también le puede servir para apoyarse y levantarse´.

Claro debe quedar que aquel que intente ´cabalgar el tigre´ sin estar innata e iniciáticamente validado y preparado para ello, será desgarrado, despedazado y devorado por él: por un alcohol o unas drogas que temerariamente quiso poner a su servicio o por unas prácticas sexuales respecto de las cuales acabará animalmente esclavizado y fatalmente obsesionado.
Quede bien al descubierto, pues, lo peligroso de la fórmula de ´cabalgar el tigre´. Únicamente una élite Superior desde el punto de vista de la cualificación y realización interiores podría (en caso de que aún existiera en nuestro decrépito Occidente) aventurarse por esta vertiginosa Vía de transformación interna. Y esto sólo después de haber consumado un metódico, exacto, riguroso, estricto, difícil, duro y arduo trabajo previo, enmarcado dentro de los diferentes estadios de lo que la Tradición conoce como la Iniciación.

En este insigne libro Evola nos transmite la evidencia de que en los presentes momentos sombríos y crepusculares por lo que atraviesa el mundo moderno no existe nada que merezca ser salvado; que deba ser conservado. No debemos, pues, mantener actitudes ´conservadoras´, sino que debemos, por el contrario, poner todos los medios a nuestro alcance, luchando, para que la desaparición de cualquier tipo de manifestación del mundo moderno acontezca lo antes posible. El objetivo de esta lucha es el de reinstaurar los valores y la cosmovisión propios del Mundo Tradicional. La meta es la de ´volver a la Tradición´. Por lo que de este ´re- volver´ se deriva el término ´revolución´. Se trata, pues, de adoptar una actitud ´revolucionaria´ y no, repetimos, ´conservadora´.
Décadas atrás, en la época de la Italia Fascista y de paralelos movimientos en otros países, Evola sí concebía que pudiera llegar a ser factible una reorientación general hacia valores, formas e instituciones de carácter Tradicional. La familia o el Estado en, por ejemplo, época mussoliniana todavía no habían degenerado en el remedo y la caricatura en que se han convertido hoy en día. Los intereses del alma o psique de entonces todavía podían entender de lo noble, de lo épico, del honor y de la fidelidad y aún no se habían anegado en el exclusivismo positivista, utilitarista, hedonista, mezquino, egoísta e individualista del que entienden hoy en día. Nuestro autor italiano pensaba, por entonces, que con un golpe de timón, más o menos pronunciado, se estaba a tiempo de reconducirlo todo hacia formas, instituciones y valores acordes con los de un Mundo de la Tradición que no es otro que aquél de la preeminencia de lo Sacro y Superior; en su auténtica configuración activa, Olímpica y Solar.

Por aquel entonces, pues, (hasta una vez acabada la II Guerra Mundial) Evola no apostaba por la táctica de acelerar el final; acelerar la caída. Casi todo lo existente era reorientable. Por el contrario, cuando escribía esta obra y, por descontado, en la actualidad todo se encuentra en avanzado estado de descomposición, de putrefacción, y es por ello por lo que no sobrevive nada que deba de ser salvado. Por esta razón (y sin referirnos al terreno de la realización personal interior sino al distinto ámbito de la acción política, exterior) hay que ´cabalgar el tigre´ hasta agotarlo, hasta que exhale su último aliento, su último suspiro, y no quede ni rastro de él, porque entonces sí habrá llegado la hora de construir un nuevo Orden sobre las cenizas de lo que quedó del mundo tras su agitado, atribulado, frenético, desorientado, catastrófico e infernal paso por la fase crepuscular de lo que las diferentes tradiciones definieron como el Kali-yuga, Edad Sombría o la Edad de Hierro.

Por Eduard Alcántara.


jueves, 4 de mayo de 2017

Anillo de honor de las ϟϟ o Totenkopfring



Los anillos de los oficiales ϟϟ o los Totenkopfring fue en origen una distinción concedida por Heinrich Himmler a los oficiales miembros de las ϟϟ.

Estos anillos encarnan un diseño de carácter místico y esotérico diseñado bajo encargo de Himmler por Karl María Wiligut, conocido como algunos como el “Rasputín” de Himmler, aseguraba haber recibido sus conocimientos ocultistas de su abuelo Karl. 
Para Wiligut las runas contienen en su código cifrado la historia entera de la creación del hombre, originada en tiempos inmemoriales en los territorios del Polo Norte. 
Allí había residido una raza etérea y luminosa de profundísima sabiduría que, sin embargo, había ido degenerando con el tiempo a causa de la degradación racial producida por su mezcla de sangre con las razas telúricas.
En la actualidad sólo los iniciados tienen acceso al misterioso lenguaje de las runas y calaveras, accesible a través de claves secretas.

Himmler encargó a Wiligut el diseño de un poderoso anillo, con el que honrar los méritos extraordinarios de los miembros más destacados de la ϟϟ, el llamado Anillo de la Calavera (Totenkopfring), que se entregaba acompañado de un certificado que describía tanto la ornamentación como su simbolismo. 

En este anillo figuran una calavera, la esvástica y tres signos rúnicos.

                                                  El anillo desde diferentes perspectivas

Descripción del diseño del anillo:

En su parte frontal mostraba una calavera sobre dos tibias cruzadas (símbolo de las SS heredado de antiguas unidades militares prusianas). Se añadían unos signos rúnicos que debían fortalecer las "virtudes germánicas" de su portador.



Totenkopf (calavera) y La totenkopfl con los huesos cruzados significa absoluta obediencia hasta la muerte.





Triangulo y runa Sig.
La runa Sig (Sol) significa literalmente “el espíritu creador siempre vence”.
El triángulo representa el Círculo de la Vida.






La runa Hagal.
Significa: “Vela por el universo que hay en ti y dominarás el universo”.




La doble runa Sig, seguida de lo que parece una superposición de la runa Tyr (Dios de la guerra) con la O.
Significa: “la fuerza de tu espíritu te hace libre”




Esvástica. De ella habría mucho de lo que hablar, pero resumiendo, la leyenda de la esvástica es: “Sé uno con Dios, el Eterno”.


En la parte interior aparece la firma de Himmler, el primer apellido del receptor precedido de “S.lb" (“seinen Lieben”, o “a su apreciado”) y la fecha en que se entregó (en la comisura izquierda del anillo)

Documento de honor del anillo:


Los receptores del anillo recibían asimismo una carta que describía su importancia. Según esta carta, el anillo era un: Signo de nuestra fidelidad al Führer, de nuestra inalterable obediencia hacia nuestros superiores y de nuestra inseparable unión. 
La calavera es el recordatorio de que en cualquier momento debemos estar dispuestos a sacrificar nuestra vida individual por la de la totalidad. 
Las runas, por contra, son signos de la gloria de nuestro pasado, con el cual, a través del Nacionalsocialismo hemos renovado nuestra ligazón. 
El anillo está orlado de hojas de roble, el viejo árbol alemán.



El anillo, que no era una condecoración oficial, sino un regalo personal de Himmler, se concedió originalmente a los oficiales más antiguos (de los que había menos de 5.000) que hubieran demostrado valor y dotes de mando excepcionales en combate. Un requisito inexcusable era un expediente disciplinario intachable, por lo que cualquier mancha en el de un portador suponía la devolución del anillo. En 1939 era concedido a cualquier oficial con 3 años de servicio y durante la guerra prácticamente todos los mandos de las ϟϟ, incluyendo las Waffen-SS y la Gestapo, tenían el anillo.

Todos los anillos debían ser devueltos a Himmler a la muerte del portador o cuando dejase las SS. Después se debían conservar como memoria en el Castillo de Wewelsburg. Si un portador moría en combate, sus camaradas de las ϟϟ debían hacer todo esfuerzo a su alcance para recuperar el anillo y evitar que cayese en manos enemigas.

Hacia enero de 1945, el 64% de los 14.500 anillos hechos hasta entonces habían vuelto a Himmler. Desde entonces hasta el final de la guerra se enterraron a menudo con los portadores.
El destino de los anillos depositados en el Castillo de Wewelsburg no es claro, pero se ha sugerido que fueron sepultados en una cueva cercana, cuya boca se habría sellado usando explosivos.
Hoy en día podrían conservarse unos 3.500 anillos, que son objetos de colección muy raros.